1. Aumenta la distracción
Teléfonos móviles, tabletas y ordenadores personales suponen un elemento de distracción, si no se utilizan de forma adecuada.
Las redes sociales pueden ser grandes aliadas a nivel académico y profesional, pero existe el riesgo de acabar consumiendo contenidos que nada tengan que ver con nuestras obligaciones.
2. Exclusión de personas desfavorecidas
Son muchas las personas que por dificultades económicas no tienen acceso a dispositivos digitales.
Esta dinámica en las que las redes sociales se convierten en una herramienta indispensable en ciertos ámbitos, genera el riesgo de excluir a aquellos que no tienen suficientes recursos para adaptarse a las nuevas tecnologías.
3. Suplantación de identidad
Se han reportado muchos casos de personas que crean perfiles falsos, idénticos a otros ya existentes, con el fin de hacerse pasar por ellos para obtener algo a cambio, desde dinero hasta información sensible.
Esta práctica supone un riesgo para la privacidad de la persona suplantada y la de sus contactos, al no saber que están interactuando con una cuenta impostora y pueden facilitar datos personales.
4. Acoso digital
El acoso digital se ha convertido en una extensión de un problema que ya existía en el mundo offline: el acoso escolar y profesional.
Con esta práctica, se busca humillar y someter a escarnio público una persona, bien sea a través de mensajes insultantes o de la publicación de su privacidad.
Aunque hoy en día muchas plataformas tienen herramientas para evitar o disminuir el impacto del cyberbullying, es un problema que va en aumento.
5. Tendencia al aislamiento social
Debido al uso desmesurado de las redes sociales, las personas pasan cada vez más tiempo en soledad, inmersos en la pantalla y apartados de la gente de su entorno.
Esta preferencia por actividades en línea (juegos, publicaciones, compras, etc.) genera un exceso de conexión que desconecta al individuo de su comunidad.
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